EDICIÓN JULIO 2015
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Entrevista Monseñor Alberto Bochatey, Obispo Auxiliar de La Plata y Presidente de la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina
“El centro no es la enfermedad, sino el paciente”

La Iglesia siempre ha estado presente en la atención sanitaria. No sólo en la administración de los sacramentos, sino en el cuidado de los más vulnerables en la enfermedad. En diálogo con Femecon Informa, Monseñor Bochatey cuenta el rol de la Pastoral de la Salud y la importancia de generar encuentros con las entidades intermedias para proponer generar políticas que beneficien a todos.

 

Femecon Informa: ¿Cómo y por qué nace la Pastoral de la Salud?
Mons. Bochatey:
La Iglesia católica y la salud tienen una historia antiquísima juntas, desde la fundación de los primeros hospitales en el medioevo, la salud siempre ha sido un tema de profunda preocupación para nosotros. Somos la institución mundial que tiene más entidades de salud en el mundo, porque la educación y la salud son los grandes ámbitos de trabajo de la Iglesia católica. Desde hace muchos años existe una Comisión Episcopal para temas de salud. Luego en todas las Diócesis siempre hay algún grupo que atiende a los enfermos, los capellanes hospitalarios, ahora el tema de los geriátricos, la iniciativa de Hospice, que difunde una filosofía del cuidado hacia una persona enferma que se encuentra transitando el final de la vida; ya sea por la evolución de una enfermedad incurable o por la progresión natural de su envejecimiento. Todo se hace con voluntariado o trabajo pastoral explícito.

Femecon Informa: ¿De qué forma participa la Iglesia en temas de salud?
Mons. Bochatey:
Participamos y colaboramos en la formación de agentes de bioética, como los comités hospitalarios o de investigación de bioética. Tenemos una función muy amplia, de hecho en el Vaticano, uno de los Ministerios es el Pontificio Consejo de Pastoral Sanitaria. Es una función social inmensa e inabarcable, donde confluyen muchos elementos, nos sólo los técnicos científicos, para los cuales están instruidos los profesionales de la salud, sino la evaluación antropológica de una persona. Es decir, frente a un diagnóstico grave, poder ver cómo impacta eso en una persona. Según sus concepciones religiosas, impactará con más o menos esperanzas, con desesperación o no. Pero además de un nivel de diagnóstico médico, y otro nivel antropológico, que tiene que ver con el valor que cada uno le da a la vida, hay un tercer nivel ético, que determina qué es lícito o no en cualquier práctica médica. Aquí la Iglesia está presente en la parte doctrinal, pero también en la aplicación bioética y de los marcos referenciales, y en el ejercicio de la libertad tanto del profesional con respecto a sus convicciones científicas y antropológicas como del paciente. Y acá hay algo curioso: al médico, que es un profesional importantísimo en la sociedad, no se le permite aplicar evaluaciones técnicas o antropológicas y tiene que quedarse en un marco meramente técnico y no debe ser así. Porque cuando hablamos de una persona enferma, hablamos de un ser humano, y no de un órgano enfermo
Femecon Informa: El mes pasado la Pastoral se reunió con entidades de profesionales de la salud. ¿Cómo pueden interactuar ambas instituciones intermedias?
Mons. Bochatey:
Nosotros nos movemos en terreno a nivel hospitalario muy fácilmente. Hay una buena red de trabajo desde hace décadas. Con las organizaciones de profesionales y entidades relacionadas con temas de salud siempre ha habido buenas relaciones, pero con ciertas federaciones y no con todas, y en temas muy específicos y afines. El hecho de relacionar a las entidades con una institución católica no significa que todos profesen la misma fe. Sí está claro que todos trabajamos en lo mismo y que las sociedades intermedias cumplen una función importante en la sociedad, que se reúnen con el fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes y de la salud, tan vital y clave. A su vez, los tiempos exigen cambiar el paradigma: el centro no es más la enfermedad, el centro es el paciente. Desde él, ver cómo trabajar para mejorar su calidad de vida en salud y en enfermedad. En el primer encuentro que tuvimos con las entidades, entre ellas la FEMECON, nos conocimos y escuchamos. Ahora vendrá una segunda etapa para evaluar cómo nos podemos ayudar, si se pueden realizar actividades en conjunto o compartir algún tipo de difusión que tenga que ver con temas de salud que nos sean comunes.
“Las sociedades intermedias cumplen una función importante y se reúnen con el fin de mejoar la calidad de vida de los pacientes”
Femecon Informa: ¿Cómo ven desde la Pastoral la salud de los profesionales sanitarios?
Mons. Bochatey:
El profesional del equipo de salud a veces es paciente, a veces familiar y siempre médico. Hoy vemos cómo influyen en su labor muchas enfermedades del orden de salud mental, como el estrés o el cansancio extremo. El profesional de la salud se ha convertido en trabajador social, las pautas fueron cambiando. Nunca habíamos visto médicos y enfermeros agredidos por pacientes, u hospitales sin protección de las fuerzas del orden para que no se cometan excesos. Hay muchos desafíos, mucho para trabajar. Tenemos que propiciar la cultura del encuentro, tal como dice el Papa Francisco, encontrarnos con nuestras distintas perspectivas para beneficio del paciente. También hay que ver cómo se vuelve, en esta cultura del encuentro, a que el paciente deje de ser tan impersonal, y no sea sólo un número de afiliado o el nombre de una prepaga. Eso hoy afecta mucho la relación médico paciente y hay que trabajar sobre ello.
Femecon Informa: ¿Qué objetivos se cumplieron el último año desde la Pastoral?
Mons. Bochatey:
A nivel La Plata, el año pasado tuvimos dos iniciativas: a través de Caritas la formación de agentes y acompañantes gerontológicos a domicilio. Aún está en proceso de acreditación ese entrenamiento, pero ha tenido un éxito inmenso en cuanto al número de participantes, y por la salida laboral. Ya antes de terminar el curso de formación les están ofreciendo trabajo y hay muchos adultos mayores que necesitan ayuda en su domicilio. Por otra parte, a nivel de la Comisión Pastoral de la Salud de la Diócesis el año pasado hicimos un curso para agentes de Hospice. Estamos trabajando a domicilio porque aún no tenemos nuestra casa propia pero sí aquellos que están en un estado muy crítico y no tienen acompañamiento, estos agentes están a su lado en el bien morir. Esta son dos acciones concretas y específicas en La Plata que han tenido gran suceso tanto para acercar a la gente al ámbito de la salud como por la salida laboral que significan. Fueron experiencias transformadoras, tanto para quienes dan como para quienes reciben ayuda y se sienten acompañados y cuidados.

 

Por María José Ralli
 
 
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